| Durante el Adviento, un gran
anhelo por Dios surgió en mi alma. Mi espíritu se apresuró
hacia Dios con todas sus fuerzas. Durante ese tiempo, el Señor me
ilumino sobre Sus atributos. El primer atributo que el Señor me dio
a entender es Su Santidad. Su Santidad es tan majestuosa que todos los Poderes
y las Virtudes tiemblan ante Él. Los espíritus puros cubren
sus caras y se dedican siempre a la adoración, y con una sola palabra
ellos expresan la forma más alta de adoración; eso es
¨Santo,. . .¨. La Santidad de Dios se vierte sobre la Iglesia de
Dios y sobre cada alma viva en ella, pero no del mismo grado. Hay almas que
son penetradas completamente por Dios, y hay otras que están apenas
vivas.
La segunda clase del conocimiento que el Señor
me otorgó conocimiento sobre Su justicia. Su justicia es majestuosa
y penetra hasta lo profundo del corazón de los ceres, y todos los
ceres se presentan ante Él sin poder ocultar la verdad, y nada Le
puede resistir.
El tercer atributo es el Amor y la Misericordia.
Y entendí que el atributo más grande es su Amor y su Misericordia.
Estos unen la criatura con el Creador. Su Amor y el abismo inmensos de su
Misericordia se han hecho conocer en el momento de la Encarnación
del Verbo Divino y en la Remisión [de la humanidad], y he aquí
que vi a este ser el más grande de todos los atributos de
Dios.
(Traducción del la versión inglesa)
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